hay algo oscuro y vacío en mi pecho,
un abismo sin eco, sin final,
me veo cayendo en él,
y nunca hay suelo,
nunca hay descanso,
solo una caída interminable,
en un pozo que se estrecha,
se cierra,
me aplasta,
me borra.
a veces, una luz cruel desciende,
y revela las rocas húmedas,
mezcladas con rejillas sangrientas,
fragmentos de piel,
hígados moribundos,
y el hedor agrio de la bilis,
el olor de lo que fui,
de lo que queda.
mi cuerpo está muriendo,
desde lo profundo,
donde nadie alcanza,
donde ni yo llego,
y mis ojos solo ven niebla,
espesa, inmóvil,
apenas atravesada por la luz de la luna,
fría, distante,
indiferente.
ah…
alguien que cosa este agujero,
con hilos que resistan el peso de la nada,
que me levante en sus brazos,
como si no pesara tanto dolor,
que luche con mis monstruos,
que aniquile ello,
al superyó,
y me devuelva,
aunque sea roto,
al yo.
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