...
La llave en el fondo del mar.
Hay personas, tú también conoces a más de una, que hace mucho tiempo tapiaron su mente, dejaron su cerebro dentro de un muro infranqueable, sin siquiera una ventana entornada que sea posible abrir alguna vez para ventilar la estancia.
No se dan cuenta de que, tirar la llave que abre su mente a nuevos conocimientos, a argumentos contrarios a su enclaustrado pensamiento, es condenarse a cadena perpetua, sin la posibilidad de libertad condicional.
Esas personas se pierden en su sombrío laberinto indescifrable. Jamás saldrán de ahí porque ni siquiera son conscientes de que andan perdidas en pasillos que se cruzan con pasillos que son oscuros culos de saco sin más allá. Fronteras alambradas con concertinas para el pensamiento.
Un desastre completo para la evolución individual y colectiva.
Saber todo lo necesario solo se consigue cuando nada se necesita. Es decir, una vez muertos. Por tanto, decidir que nada ni nadie puede enseñarnos nada, es decidir que se está, para la razón, muerto.
Hay películas sobre eso. A mí, ese género no me atrae en absoluto.
Zombies.
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