Te seguí hasta la cuidad de luces y sombras, de solitario bullicio
Te seguí por esa súplica en tus ojos, anhelantes perdidos por algo de calidez
Y por esa boca que rogaba el sabor a rocío en pasto, que decías tenían mis besos
Te seguí sin querer seguirte, con culposa curiosidad
Y sobre las vías del tren planté en vos mis sueños con los que vivimos un tiempo
Así entre suspiros y desilusión de ciudad fraudulenta
y en quejidos de narcisismo mezquino
supe como todo mi corazón dar y hoy, aunque me lo devolvieron, nunca va a ser igual
porque en su sangre arrastra la fría ciudad de plata que en tu nombre no lo supo amar.
Pero no se, yo que soy de sierras y pampas
siento como me llama con su neurótico movimiento y sus calles que no duermen jamás
Capaz sólo es donde quiero encontrarte
Para arrastrarse sin aviso a los campos sosegantes
-I

Ir
Ni ser ni esencia solo converso con lo invisible sobre la impermanencia de las cosas, a veces, en forma de prosa.
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