A veces te siento tanto
que no puedo dormir.
Pienso, pienso, pienso.
¿Por qué no puedo sacarte de mi cabeza?
¿Por qué me cuesta tanto olvidar?
Quiero confesarte
que ya no te pienso como antes,
que esta vez es distinto:
ya no sos un pensamiento recurrente,
y aunque todavía doles en mi corazón,
ya no,
ya no más.
Está cansado.
Pero entonces,
¿por qué no puedo olvidar?
¿Por qué es tan difícil dejarte atrás?
¿Por qué no puedo ser un poco más como vos
y un poco menos como yo?
Me da rabia haber sentido lo que sentí.
Si no me hubiera enamorado,
¿seguiríamos siendo amigos?
¿Podría hablarte todavía?
¿O este siempre fue nuestro destino inevitable?
Ojalá las cosas hubieran sido diferentes.
Porque cuando baja la furia,
cuando la ausencia deja de doler,
y olvido un poco lo que me hiciste,
te extraño.
Te extraño,
aunque ya no ocupes todo el espacio
de mi mente.
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