Aún no se donde empieza o termina mi dolor,
me aferro a la nada pues desata en mi un
sentir profundo,
inalcanzable,
casi adictivo.
Mi orgullo sepulta cada uno de mis viajes,
le permito proteger mi paz,
sacrifico así caricias huérfanas y besos húmedos.
Se que jamás lograre explicar la conexión y
desconexión de versos poco fidedignos
que me componen,
me aterra,
pues le doy significados místicos a todo lo
que ocurre a mi alrededor
y en mis sueños está convertirme mas que en polvo.
Escapo siempre,
sangrante y dolorida,
aunque pertenezca a todos lados y a
ninguno al mismo tiempo.
Por que nada nunca es mío,
el dolor no es mío,
ni el amor en mi corazón,
las palabras se enrollan en mi lengua,
pero alguien más ya las recitó.
Mi maldición es ver amor en el sufrimiento,
deseo desentrañado en la añoranza
enloquecedora y pasión en las migas del no será,
ese que estruja y recuerda mi soledad.
Un alma compuesta de átomos y viento,
entre la contradicción del ser pesada pero
vacía al mismo tiempo.
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