A pesar del viento, que augura alguna suerte de lluvia cuasi primaveral, y de las nubes que habian enturbiado el firmamento, la tarde nos otorga a nosotros, afortunados seres concientes, un hermoso atardecer.
Veo a los que ya están perdidos, tomándole fotos.
A los que aún no sé perdieron apreciandolo con detenimiento.
Novios que bajo su luz sellan algún pacto silencioso con un beso.
Y desesperanzados que se ven un poco impulsados hacia adelante por los rojizos destellos que reflejan las vidrieras.
Yo, que ya fui todos ellos, hoy guardo su eterna belleza entre mis más preciados recuerdos, pues me demostró, sin nada más que su simple existencia, lo lejos que estoy del punto de partida.
y nuestro astro procede a ocultarse casi por completo dando así paso a la oscura noche, que bella a su manera inspirara a otros miles de poetas, y aún después seguirá el alba, que desencadenará millones de sentimientos nuevos y ofrecerá un nuevo comienzo a millones de historias más.
Pero ahora me quedo con este atardecer, que me regaló este grato poema.
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