El teléfono vibra
la gata duerme
manché el papel con almíbar
un ruido de moto se siente a lo lejos y mi corazón se acelera
siento la adrenalina en mis venas
un fantasma se hace presente en el comedor.
El parque Castelli siempre está cerca
de ahí viene el sonido explosivo del motor
una vez me perdí en París y mi primera pregunta fue
¿A cuántas cuadras del Castelli estaré?
Nunca me di cuenta que mi casa era tan ruidosa
la heladera
el aire
los animales
el lavarropas
y el fantasma ahí
siempre ahí
el motor de la Zanella retumba en mi cabeza
acaba de doblar por 68
entonces
la puerta.
El pánico abunda
la paz es intolerable
¿quién puede vivir en paz en este mundo?
solo un psicópata
el estallido de los vidrios acelera mi ritmo cardíaco
ya no quiero seguir
el fantasma tampoco.
Me gustaría poder frenar el tiempo
con un control remoto
como el de la película de Adam Sandler
y vomitar.
O, quizás, dejar que llegue la pálida
irnos juntos hacia el eterno vacío
llevar el control al silencio absoluto
y ver como el mundo se queda con el freno de mano puesto.
El ruido del aire interrumpió mi fantasía
ya no encuentro la tv, ni la heladera
estoy atado de pies y manos
la alarma cesó, el fantasma se ríe de mí
escucho la moto perderse por el diagonal 74.
Después de desatarme
la policía me hizo la pregunta obvia
¿Cómo entraron a la casa?
no sé, estaban acá cuando me acosté.
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