hoy te busqué con la esperanza errante que me caracteriza
rezando para que vos
estuvieses en el centro llovido
preguntando por mí.
te imaginé mojado
extenuante caminante
con la cara descolorida por las gotas del rocío
pero con las manos apretando con devoción mi foto
queriendo que nunca la hayas soltado,
con los poemas que te escribí
fe de erratas,
cerca de tu corazón nocivo.
hice mis cosas
me puse linda,
aún sabiendo que la lluvia iba alcanzarme
que las lágrimas iban a correrme
y que los martes
en realidad
vos no salís de casa.
fui al centro de mi ciudad
en lo más profundo de mi alma
repleto de gente vacía.
caminé
me guiaba una paciencia voraz,
la que se tiene solo cuando se busca con
el último destello de fé,
ya no soy la misma desde que te fuiste.
divisé tu cara en cada una de las personas
juraría que te ví
pero nadie eras vos
y yo era nada.
marqué tu número de memoria
no olvido tu dirección aunque quiera,
y cuando llegué
te imaginé como debía
en tu casa que no me invita
con tu celular que no me llama.
tu cara que todavía me extraña
apareció primero
saqué tu foto
la que nunca dejé de apretar fuerte
le pusé título
“aprendí a no buscarte un martes”
se disolvió mi fé.
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