APÓSTATA
Nada se sintió como el día que supe
lo que es la luz
fuera de los brazos de Dios.
Que alrededor mío en armadura plateada
intentaron protegerme
pero creció, creció
la turbulencia
que apretó el metal al cuerpo
que me sumergió puertas afuera
e hizo arder el imperio sin fuego
sin guerras.
LUSTRATIO
Sobre la áspera cenizada
le pido perdón.
Me reacomodo, me uno vacilante
al delicado eco de las velas.
La pequeña fuga del cristal calcinado
mete una brisa que acalambra
y abraza
la humedad de mi cuerpo.

Miliz Miranda
Estudiante de las ciencias ciertas y no tan ciertas. Las solemnes y las no tan solemnes.
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