Anoche volví al parque donde solía sentarme por las tardes luego del trabajo, estaba bastante oscuro por lo que asumo que las farolas no estaban funcionando bien… solo un par de éstas iluminan los alrededores, dejando en sombras los bancos y algunos arbustos florales.
Todo había cambiado, no de manera rara, solo diferente a como era anteriormente, como cuando me sentaba a observar a la señora de cabello negro, rostro serio y pasos cortos, siendo llevada por su pequeño perro… no recuerdo la raza, talvez era un pekinés… de esos perros pequeños que ladran por todo, hasta a su sombra… ella lo frenaba tensando la correa, ahogándolo en ocasiones. Pobre animal, ni con gusto salía del encierro. También estaba este señor, ya bien entrado en años, siendo acompañado por un pastor alemán de color negro… era una belleza de animal aquel perro… siempre a su lado, obediente, calmado, mientras el viejo apenas podía caminar apoyándose en su bastón con la mano izquierda… ¿Aun seguiría con vida?
Las piedras del camino parecían estar más opacas, sin aquel brillo que las caracterizaba entre el verde del pasto, ahora seco, ocre, tan corto… todo parecía tan xerófilo, abandonado, olvidado. ¿O tal vez era por ser de noche que lo percibía tan diferente?
Las banquetas también se sentían diferentes, ásperas, desgastadas al tacto… se notaba a simple vista que el tiempo había pasado por ellas… hasta diría que faltaban algunas porque creo recordar que había muchas y ahora, si no contaba mal, tal vez llegaban a tres o cuatro… donde me sentaba a fumar mis puros en aquellas tardes de primavera, solo queda un espacio vacío, de arena muerta.
Mientras intentaba ubicar un lugar iluminado para sentarme, escuché de pronto el sonido de la gravilla al ser pisada, lentamente. Volteé sin mucho interés, para llevarme una sorpresa, no había nadie… aun sin la luz de luz de las farolas, la poca que deba la luna podía ayudarme, sin embargo, seguía sin ver a alguien caminar… Sentí cómo mi corazón se aceleraba un poco, tal cual cuando generas angustia por algo innecesario…
Tropecé con algo que casi me hizo caer al suelo. Cuando retomé el equilibrio, intenté agudizar la mirada, entrecerrando los ojos, la poca y tenue luz era casi nula, todo era gris y negro en tonos diferentes. Así que me fui acercando dando pequeños pasos sin levantar los pies para no tropezarme de nuevo, sentí algo con la punta del zapato. No era un objeto duro, más bien blando. Bajé el rostro para mirar qué era lo que estaba en el suelo, pero por más que intentaba enfocar la mirada, no pude distinguir qué era lo que casi me hace caer.
Mi respiración se agitó, mi corazón se aceleró mucho más que antes y comencé a sentir las gotas de sudor bajar por mi frente. Mi boca estaba seca y mi lengua se había pegado al paladar. Tenía miedo.
Golpeé varias veces con la punta del zapato intentando ver si se movía o emitía algún ruido sin obtener algún resultado. Mi cuerpo quiso agacharse para tantear con las manos el bulto, pero mi mente no me lo permitía… giré varias veces la cabeza para ver si alguien más se acercaba, las pisadas seguían escuchándose y cada vez con más fuerzas, aunque más distanciadas entre ellas.
Estaba confundido. No sabía que hacer… podía agacharme o simplemente despertarme.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in