Desahogarse.Los poemas e historias pueden servir para desahogarse más de lo que todos creen; a los que les cuesta hablar, a los que se les atoran las palabras en la boca, impidiéndose unas a otras salir, les suele ser fácil hablar por ti, por ella, por él, por quien no sea su ser.
¿Y si yo les hablara de Anne?
Anne no sabe hablar tampoco. Ella tiene mucho para decir, pero poco para transmitir. Anne se enferma porque no sabe hablar, acumulando palabras que cortan su interior. Anne pasa las noches llorando debajo de la sábana, esperando que alguien se interese en golpear su puerta y preguntar: ¿cómo estás? Y en las noches en las que no lo hace, idealiza sus recuerdos de manera que no la lastimen y crea los que no tiene, para inventar lo que no posee aquí. Escribe historias en donde la protagonista no se pregunta cómo vivir o si debe existir, en donde los pensamientos no se confunden al amanecer y el destino ya sabe qué tiene que hacer. Anne escucha gritos detrás de su puerta, preocupada por ayudar sin importar lo que ella debe pasar. Ella es la culpable siempre, sin preguntar: ¿qué estás haciendo, Anne, por ti?
Anne quiere llorar en un hombro que la consuele sin esperar nada de ella, que no crea saber qué es lo mejor para ella. Quiere llorar en alguien a quien no tenga que amar y con quien no deba actuar. Quiere saber qué es lo que desea y quién es sin sobrepensarlo en el auricular. Quiere aislarse y amarse al no fingir. Anne tiene un novio que la ama. Ella desea amarlo, pero a veces siente que no lo ama como él a ella. Duerme cuando sale el sol para así no hallar silencio y pensarlo demasiado. No lo duda por falta de gustar, sino porque no sabe quién es la otra persona en la relación además de él. Ella piensa en dejarlo cuando sus lágrimas inundan el teclado, cuando las pastillas no alcanzan a doparla. Pero si no es a él, no tiene a nadie más. Se replantea el hecho de no solo perder a un novio, sino una amistad que se preocupa por cómo está y no la deja ahogarse en la sal del mar. Anne ya no sabe qué hacer. Anne quiere que le den ese abrazo, esa caricia, ese beso o tal vez esas palabras que una hija, nieta, hermana, sobrina necesita. No lo quiere de una de esas lecciones que te deja la vida.
Anne se encierra en su habitación dos días seguidos, acostada en la cama, y lo único que escucha es su respiración cantar, gritar, exhalar. Miente de nuevo diciendo que está bien, que solo es el dolor estomacal lo que no la deja caminar, pero la verdad es que es el peso cayendo por su cuerpo lo que no la deja levantar. Anne busca excusas para decir que no está mal, pero nadie le cree. Sus padres notan máscaras en su rostro al hablar, pero al intentar aclarar meses de dolor, insiste con un llanto entrecortado en que no le pasa nada, porque no sabe hablar. Médicos le dicen que necesita descansar, que debe dejar de pensar, que debe terminar esa relación, que debe dejar esos amigos, que debe tomar un nuevo rumbo. Pero a ella le asusta dejar todo lo que le da una dosis diaria de sol, porque es más importante lo que le da instantes de felicidad que todo peso que pueda tener detrás. Anne toma su celular, donde ignora a todos los que debe dejar marchar, preguntándose qué es lo que debe optar, quién es, por qué todo es tan difícil, si realmente necesita esto, por qué todo es tan difícil. Y toma una decisión: promete hablar con todos de cómo se siente. Ella decide hacerlo de la forma en la que más fácil le es y escribe una historia que contiene todo su dolor. El relato comienza diciendo: Desahogarse… ¿y si les hablara de Anne?
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