piernas y rodillas
para hincarme,
ojos para voltear al cielo
y buscar a mi Dios divino,
boca sabia del lenguaje devoto,
únicamente conce las palabras
que se usan para rezar y pedir
por el perdón de Dios o por su voluntad,
brazos firmes para rogar con las manos juntas,
dedos siempre fríos que buscan
el calor de mi aliento cada vez que profeso,
cada una de mis extremidades colocadas en el lugar exacto,
así se me creó para siempre rezar por él,
pero no todo encaja
¿y el cuello, entonces?
parece que se olvidó
que el cuello tiene la forma perfecta
para enredar la cuerda,
y que la sien está justo en la cabeza
para dar un fuerte impacto.
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