Eterna ambrosía,
carne de fuego,
quemas en mi alma
y ladras en mi cuerpo.
Ilusión de salvavidas,
fruto del oasis,
pareces la cura
para un eterno veneno.
Consumes el tiempo,
devoras el alma,
atacas el alba
de las flores de mi pensamiento.
¿Cuándo te marcharás?
¿Cuándo te extinguirás?
Para poder aprender a amar,
amar bonito y de verdad.
Tengo sed de tus labios,
hambre de tus pechos,
un temblor por tu cuerpo
que agota mi pensamiento.
Pero la carne se quemó,
el vino se secó
y la flor se marchó,
buscando un nuevo jardín.
Por días, una tormenta me atrapó,
me embistió con recuerdos,
me quemó con sus besos,
hasta arrastrarme a una isla vacía,
vacía y sin remordimientos.
Le canté a la arena,
silbé junto a la brisa del mar,
escupí cada gota de sal
para caer rendido ante el volcán.
La arena me devoró,
el agua me secó…
y entonces,
la primera flor brotó.
Flor de tallo grueso,
robusto, corpulento,
con savia nueva en las venas
Y lleno de brillo en su mirar.

Alexander Verano
Aquí comparto mis versos como quien deja cartas sin remitente: esperando tocar el alma de quien los lea, o simplemente, escuchar el eco de mis propios sentimientos.
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