Veo a las personas que se aman y juran ese amor. Con las cabezas llenas de ese humo ilusionador que inhalan cuando sienten cerca la respiración del otro, se imaginan que será para siempre.
Hay una pequeña esperanza —aunque más corta que la de ellos— de que alguien pudiera darme esa tontera que es el amor.
¿Habrá algún alguien que pueda querer algo de mí? ¿Mi cuerpo, mi personalidad, mis sentimientos desordenados y este corazón que, aunque a veces necesita de soledad, se muere por acelerarse al ver a quien ama?
Se repite mucho esa palabra: amor.
Pero en ningún lado pude encontrarlo.
¿Será que el juego no es tener que buscarlo, sino dejar que me encuentre?
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