Bajo el sol brillante, tu esencia resplandecía
cada pétalo un deseo, cada rayo una melodía.
Pero en mi pecho, las espinas susurraban,
advertencias calladas que nunca escuchaba.
Me pregunto porque no las escuchaba, gritaban tan alto que el mundo las callaba.
Te elegí entre sombras, entre risas y lágrimas,
con el alma atada a un amor lleno de duelos.
Tus espinas me rodeaban como un abrazo sutil, y en cada corte una herida sin abrir
Amarte es un dolor que no puedo sanar, aunque pase el tiempo la cicatriz siempre estará, recordándome lo duro que fue amar.
Y aunque me lastime, no puedo renunciar,
cada espina es una razón para amar. Tus espinas hicieron este amor tan ciego, que es imposible de remediar.
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