temo del mar
la sola idea del mismo me causa cierta inquietud
será por su amplitud
por su historia con recovecos sin llenar y el misterio de su profundidad
pienso y la piel se exalta
porque temo del mar, de su impredictibilidad
temo de todo lo que representa
hasta que estoy ahí, frente a él
y me doy cuenta de que estar en el mar es como estar en casa
ahí es cuando entiendo que esa inmensidad me abraza
me siento correspondido
la serenidad es recíproca
todo se siente más leve
entonces
¿por qué será que le temo al mar?
puede que las olas sepan algo que yo no
puede que me vea reflejado en él
bien se sabe que uno tiende a huir de aquello que nos expone, que nos hace sentir más vulnerables
¿por qué yo sería la excepción?
el mar como campo magnético
aguas cristalinas
turbias
pero solemnes
será esa también mi manera de ver al mundo
tan melancólico, tan frío
destructivo ante la mínima provocación
semejante a una mutabilidad que no avisa ni intercede
movimiento propio de una luminosidad efímera que oscila y se profesa como eterna
el mar siempre está ahí
susurrante
agitado
enigmático
y yo, también estoy ahí
cambiante, atemporal
vasto nácar que se extiende a lo largo y ancho del pecho
temo del mar
temo de mí
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