El cielo tendido de un rojo,
y un sol moribundo
se pierde entre tus ojos.
Las olas se abalanzan
y el agua, tu refugio.
En un esfuerzo somero,
alcé la vista,
y ahí te hallabas,
en medio del río,
etérea, bella.
Yo quiero
sumergirme contigo
dentro de ese infinito,
pero breve silencio.
Siente el viento
abandonar tu cuerpo,
deslízate suavemente,
solo como tú sabes.
Empapa mi ser,
toma mis mejillas,
y con tus uñas rosadas,
en mi piel deja
tus huellas tatuadas.
Ahógame en tus tiernos labios,
toma mis latidos,
acércalos
y vuélvelos tuyos.
Huyamos,
fugitivos del tiempo,
del todo
y de todos.
Envuélveme con tu brillo,
pierde mis pensamientos entre tus curvas,
enigmáticas como las de Mónaco,
llenas de secretos y lunares.
No aprietes el freno,
recuéstate en mi pecho,
sincronicemos nuestros pulsos,
nuestros sueños,
nuestras vidas.
Lánzame una mirada amielada,
de esas que, sin más,
me roban el aliento.
Acaricia mi pelo,
mírame,
por favor, dímelo todo,
te pido,
déjame amarte.
Eres ese mar de girasoles
que habita mi alma,
tan dorada,
tan lejana, pero a la vez,
tan mía.
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