La almohada fría suscita un pensamiento tan gris como el día:
En un futuro no estará más.
¿Qué vas a hacer? ¿Cuánto tiempo va a doler? ¿Conseguiras sanar en algún momento?
El colchón se vuelve duro, incómodo, vacío.
Le escribiste infinitos textos, poemas, cartas, promesas.
Le seguiras escribiendo aún sabiendo que ya no va a leerte.
El calendario seguirá con una fecha especial marcada.
Empezarás de nuevo, de nuevo, de nuevo y de nuevo.
Aunque consigas el éxito escribiendo, sentirás haberlo perdido todo.
Cambiarías todos tus libros publicados, las premiaciones, incluso a tus lectores, solo porque esa persona te siguiera leyendo.
Desearías hacer analepsis y vivir juntos en un flashback eterno.
Escribirias sobre esa persona incluso sin quererlo.
Pedirás perdón una y otra vez hasta que vuelva.
Dejarás de escribir por meses.
Encerrarás tu amor en un recuerdo...
Una mano tibia en tu mejilla te despierta,
volteas,
sigue a tu lado.
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