“Y si un día me faltases,
ahí terminaría mi vida”
Juré embelesada por ese néctar,
por ese estrés
de que no me quieras.
Fingí amor para extinguirme en un dedo
que señalaba a mis anhelos infantiles,
aquellas inocencias con joven vitalidad.
Jamás busqué ese amor maduro; sobrio
que no muere si no es mirado.
Y sin embargo,
no son las manos las que portan,
ni los labios los que besan;
y acá sigo,
acá sigue mi vida.
Jamás quise…
pero respiro.
Cansada, adolorida, rebotando entre vanidades,
impulsada por soberbia,
por rencor,
por algo que se parece, casi idéntico,
al amor.
Pero no lo es.
Y si no quiero,
si no muero,
si no dejo de respirar
ni acabo en un suspiro;
si digo que quiero,
que desfallezco,
y sin sospecha ríen en mis brazos,
y bailan y besan;
si solo permanezco, a veces consciente,
a veces sola…
Si lo hago para transitar,
sin tanta alma pero con espina,
sin bondad pero con ternura;
y si acaso esas palabras,
certeras, quirúrgicas,
hacen que aquel sienta mi temblor…
Si solo es práctica,
experiencia,
si son ecos de lo que ya regalé
hace tanto tiempo…
Y si,
en tanta hipocresía,
asegura amar.
Jura amar.
Niega muerte.

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Ni ser ni esencia solo converso con lo invisible sobre la impermanencia de las cosas, a veces, en forma de prosa.
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