Al dormirme
Al dormirme, la oscuridad pronuncia mi nombre.
No en voz alta, no en gritos,
sino en esa forma rara
en la que los pensamientos duelen
cuando uno intenta cerrar los ojos.
Es como si alguien me tocara el hombro
cuando estoy a punto de rendirme al sueño
y me recordara todo eso
que prefiero no pensar.
Me llama despacio,
con la voz de los recuerdos,
con la voz de las cosas que evité decir,
de los miedos que escondí
y de las personas que ya no están.
Y no me deja dormir.
Porque no es la oscuridad afuera,
es la de adentro,
la que me pronuncia cuando todo está en silencio
y nadie más escucha.
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