Cuando nada te basta, querida mente,
profano tus ratos pensantes.
Evoco una sutura para tantas heridas de palabra,
y te condeno al suicidio, desafiando tus olvidos,
en tableros efímeros que visten el blanco y negro.
Ni el peso de la vida quebranta tanto tus muros,
como las extremidades de la obsesión que te alberga.
Deja en el juego los rastros de tu impronta literaria,
pronuncia los idiomas con otra lengua;
Inventa nuevos jaques con los que pueda torturarte,
con los que pueda, mediante tu razón, deleitarte.
Prefiero que concibas la vida como la estrategia misma,
que te satures entre horquillas, flancos y aperturas.
Te estremecerás ante probabilidades y finales truncos,
te obsesionarás con casillas que rozan el filo de tu cordura.
Voy a ejecutar tu suicidio, querida mente,
quebraré tus hemisferios hasta que recuerdes;
pienses, escribas y creas que
la muerte es tan dueña de vos,
como los deseos que te esclavizan a mis juegos.
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