Ayer la nostalgia me atacó de improviso.
Una esquina, un cartel y ahí estábamos vos y yo.
Como si no hubiera pasado el tiempo, volviendo a casa agarrados de la mano.
Abrazados en la parada del bondi diciéndonos que nos queríamos mientras pensábamos qué cenar además del cuerpo del otro.
Yendo a comer un chori abajo del puente un domingo de febrero. Planazo, dijimos, sentados en sillas plásticas tomando unas latitas de gaseosa que trajiste de tu laburo.
Todo eso se me pasó por la cabeza y el corazón en cuestión de segundos, sin preaviso, sin cuidado.
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fernanda
Siempre escribí por múltiples razones. Recién ahora escribo para mí. A veces hablo yo, a veces lo hace mi ansiedad.
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