Querida mujer
de aguas turbias.
Sirena libertina
Brava y manceba
Libre y cautiva
Feliz y doliente.
Taladra mi conciencia
tu inconsciente cósmico
tu parloteo constante
tu bandera a media asta.
Es de tus manos
mi estima,
mi emblema
de brujo pagano,
Y tu honor un
epitafio a las
malas costumbres.
Convénceme
sobre tu teoría del romance.
Tarareo palabras mustias,
de acorde la guitarra,
en la que encausaste tu llanto;
de sobremesa,
un beso
en cada uno
de
tus dígitos llenos de tierra.
Se ve amenazada
la misericordia del mundo
con tu grito indígena,
prisionera indomita,
corola de rabia.
He de ser testigo
de tu revolución,
del manifiesto de
tu poca cordura,
de la sonrisa al alba
luego de tu
desayuno de
sapiencia.
Devoraste
el fuego
Saciaste tu sed
de sangre
con los ríos
de recuerdos.
Aclamaste
mis llagas
como puras.
Rugiste tu
dolor de antaño.
mujercita, guardiana
de las causas justas,
¿me devolverías el corazón?
Dulce ninfula, ojos de
amor en pausa,
necesito escribir
una última carta de amor.
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