Estaba un joven caminando en los senderos de la vida, cuando de pronto el aguacero aparecía, sus lágrimas gruesas y veloces recorrían su rostro en la noche vacía. En su interior empezó a resonar una voz que desde tiempos antiguos intentó tapar.
-Grito mío, yo te pido, deja de intentar escapar, no te dejes escuchar por los demás-
El grito ignoraba las advertencias de aquel chico, y en ese camino sombrío, el grito se dejaba escuchar en sus miles de sentidos.

Araceli Solís
Deseo tener un gatito en mi regazo mientras lo acaricio, tomo una taza de té y escribo algunas cosas por acá o en algún otro lado
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