Eran dos niños jugando a soñar,
él con lunares, ella con pecas que danzan al amar.
Agosto y diciembre tejieron sus días,
dos almas cantando en sutil melodía.
Les gustaba reír, sin prisa, sin fin,
como notas de un vals que nunca tiene fin.
Él tocaba la guitarra, ella tarareaba,
entre acordes y risas, el tiempo se olvidaba.
Él hablaba del sol con acento dorado,
ella del invierno, con frío encantado.
Idiomas distintos, pero un mismo lenguaje,
el de corazones que emprenden su viaje.
En tardes de verano, entre risas y juegos,
él contaba lunares como mapas en su fuego.
Ella, con sus pecas, constelaciones vivas,
dibujaba universos con manos furtivas.
Eran niños, eternos, en un mundo pequeño,
con notas y risas tejieron su sueño.
Agosto y diciembre, dos polos, dos cielos,
un amor infinito en mágicos velos.
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