Ya no estarás conmigo.
Ya no volverás a mirarme
como si yo fuera la única,
como si hubiera luz en mí.
Ya no tendré tu voz
para quebrarme en la noche,
ni tus manos como cuchillos dulces,
ni tu cuerpo como un abismo tibio
donde caía sin miedo.
Me queda el hueco,
esta jaula en el pecho
llena de pájaros muertos
que tiembla, que duele,
que no sabe respirar sin ti.
Me queda el vacío
como un pozo abierto,
como un animal que me devora
desde adentro,
como un frío interminable
que sube hasta la boca y me ahoga.
Y aun así
sé que debo soltarte.
Nos arrancamos la piel
en cada palabra,
nos bebemos la sangre
en cada regreso,
nos dejamos en ruinas
en cada huida.
Sé que debo decir adiós,
aunque mi voz se parta en gritos,
aunque el silencio me muerda
como un perro sin dueño.
Ya no estarás conmigo.
Y yo tampoco seré contigo.
Seremos dos sombras
caminando por separado,
dos fantasmas que arrastran
un amor imposible,
un amor que mata
pero no muere.
Y aquí, en el pecho,
te quedarás latiendo,
como una ausencia viva,
como un dolor eterno,
como una espina negra
que no deja de sangrar
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