"a las niñas que han pasado un duro día se las arrulla, es ley de vida"
aunque te he deseado en mis noches más ponzoñosas,
tanto que te leo y te escribo,
me siento vil de añorarte, tus manos, de pedirte cariño, una palabra, así me las regales, así sean mías y salgan de tu boca
mías, mías
hay una indignación que me retoza impía ante siquiera la posibilidad de disturbar tus mares
(y es un miedo incoherente, a alguna vez lastimar tus sienes pálidas que ruegan por un poco de cariño)
yo siempre sabía que eres sensible.
tú no me debes nada; yo, mis plegarias.
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