A veces me siento poco hombre,
partido al medio,
mantengo perfil bajo pero no me gusta que me sobren,
temo estar de más,
zozobrar en lágrimas que no se sienten reales,
inundan mi corazón noble con ideas desacordes.
No es brindar cuando solo das lo que descartas,
mi vida imperfecta es el borrador interminable de mi mayor obra,
sobran giros de guión,
a veces demasiado drama,
tanto que no creo que lo entienda el espectador.
Llorar en la cama es como derrumbarse cuando se baja el telón,
descanso y acto nuevo,
así fue siempre...
todo una vida dividida en actos
y tengo que adaptarme día a día
dependiendo del escenario,
teniendo más o menos protagonismo,
obligado a sacar mi egoísmo
o me hacen de menos por lo mismo.
Temo hablar solo
y que no me escuchen,
aunque nadie me vea,
aplausos por consuelo y por darles pena
mi penosa interpretación.
Siempre igual,
luz negra que eclipsa la tarima.
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