Vi, si no me abrazás vos esta madrugada quiero que lo haga la eternidad del vacío que me consume desde que frecuentamos más la distancia que la cercanía. Me mentiste, dijiste que esto era algo que se me iba a pasar y ahora que los días pasan, vos no pasás y nada pasó todavía.
Quiero que la perpetuidad de este sentimiento agónico no me sea tan invasiva pero seguís sin aparecer, quiero saber qué carajo será de este viaje, si terminarlo, si seguirlo, si seguir tirando hojas a la calle para que el viento sople y que, en una de esas coincidencias, sepan ser una molestia en tus botas, no sé. Me pregunto todavía qué quiero más; si seguir imaginando acercamientos románticos o si tengo que condenarme a idealizar una realidad en la que te supero y puedo sumergirme otra vez en planes y proyectos que solo puedo dedicarme a mí y que solo satisfagan mis necesidades en lugar de las nuestras.
Pero no quiero pasar a ser única persona después de conocer el plural en el dueto. Quiero que el suelo me alcance y que mi cabeza repose a horario de una vez por todas, porque todos mis días empiezan a las cuatro de la mañana y terminan cuando me rindo ante la espera de tu arrime.
Ya no se escucha el llanto, gasté todas las lágrimas que podía llorar y ni en tus cartas que uso como servilletas puedo encontrar humedad.
Siento Vi que, ahí afuera me sobra el aire si no camino chocándote los pies, sigo en libre caída y planeo tocar fondo estando en posición fetal, quizá así me encuentres más abrazable cuando el sueño mío sea eterno.
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