Memorizo cada una de las palabras que salen de vos y memorizás cada palabra que sale de mí,
y debajo de nuestras mangas tenemos nuestra arma de doble filo.
Amor, amor, tan delicado nuestro amor. Me cogés, te vas y después seguís memorizando cada parte de mí, igual que memorizás cada parte de ellas, amor.
Amor, qué estúpido nuestro estúpido amor.
Lo intentamos, la poesía cae en mí como gotas de un vino tinto sobre mis labios y tu voz estremece tanto de mí que toda mi alma grita tu nombre.
Dios, tu estúpido nombre.
Te escucho, lo escucho, recuerdo y quiero dejar de recordar,
pero sos más fuerte que yo, te creí más sabio que yo.
Y memorizo cada parte de vos como un mapa de estrellas en una noche de verano:
cada lunar, cada lugar secreto, cada parte, cada hermosa parte.
Ay, amor, qué estúpida que soy
al pensar que podías amarme más.
Pero no me amás,
pero igual memorizás cada parte de mí.
Y puedo recordar que los dos jugamos con nuestra arma mortal
y que en cada paso que doy, aún me recordás.
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