Con esa sonrisa,
irradias luz,
de la cocina a la sala,
y en mi pecho
el tic-tac se detiene
cuando, a milímetros,
me tienes.
Háblame de arte,
de lo mucho que amas
danzar y contonearte.
Haz esa mueca,
fingiendo estar enfadada,
frunciendo el ceño,
como si no supieras
que te miro anonadado.
Fuimos nosotros,
cazadores de estrellas,
pequeños niños
persiguiendo libélulas,
presos del desvelo,
largas noches enteras.
Aparta mis lentes,
haz de mis labios
cómplices de ese
incendio.
Olvídame en las sábanas,
donde tus caderas
esculpen arabescos
y la piel no siente el invierno.
Déjame
atar los cordones de tus zapatos,
llevarte el desayuno a la cama
y un par de lirios
cada semana.
Riamos hasta consumirnos,
hasta que nuestro ruido
desquicie a los vecinos
y despierte la aurora.
Quédate a mi lado,
en lo simple,
en lo extraordinario,
en lo incierto,
en lo de siempre.
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