La velocidad,
la perfección,
la prisa,
la ansiedad.
Todo aquello que consume el alma
y pone la venda que impide observar.
El ser humano no fue hecho para el ajetreo
ni la vida calculada.
No fue creado como objeto
ni peón ni preso de la cotidianidad.
Porque lo cotidiano no es aquello
que nos atrapa en una jaula,
sin poder escapar.
Es el arte de observar,
de buscar en las pequeñas cosas
aquella cara hermosa
de la existencia biológica.
Hay un parentesco que me apasiona.
El ser humano no siempre
es dictador y egoísta,
sino que a veces evita
la naturaleza que le precede.
Existen almas llenas de bondad,
con mirada noble,
orbes que son el reflejo del interior.
Existe el amor,
y no hay mayor prueba
que los ojos
que ponen su foco en lo pequeño,
en lo atemporal,
en lo ajeno
a todo lo que la sociedad
les impuso en el camino.
Admiro el arte de observar.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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