A quien leyere.
Me siento mucho mejor cuando una dicotomía ya no pesa tanto. Es un día a día.
Si Roma no se construyó en un día, ¿por que he de desesperarme?
Nada es mas firme como los cimientos de una idea pensada con calma.
Y eso es gracias a la filosofía en mi vida, que ejerce como un poema escrito con prosa que se respira, que se come y se sueña.
Esto me deja claro que no quiero ser sabio.
Más bien mantenerme siempre como aprendiz, ahí esta el verdadero sentido.
La predica del ejemplo al aprender es la mejor lección.
Entonces, como un rayo, vuelve Borges a mi, y me dice en su poemario:
«A quien leyere;
Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que tú seas el lector de estos ejercicios, y yo su redactor.»
Y esa es la poética; la narrativa de la divinidad. Todos deberíamos escribir un poema, al menos una vez.
Cuando hago poesía las ideas me protagonizan por sobre los sentidos de la carne.
Entonces, invito al pensamiento de un verso, una confesión escrita, una identidad latente o un grito de arranque.
Donde no se es cotidiano y se es más humano.
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