Eras viento en la ventana,
susurro leve, distante,
un eco errante en la brisa,
un nombre sin semblante.
Tus manos nunca abrazaron
los sueños que compartí,
y en noches de luna llena,
tu voz nunca llegó hasta mí.
Fuiste cuento inconcluso,
sombra en el umbral,
promesa en el aire,
estrella sin brillar.
Crecí solo entre silencios,
como flor en el desierto,
anhelando pasos tuyos
en un sendero incierto.
La silla vacía en la mesa
fue testigo de la espera,
y un corazón pequeño
cargó la ausencia entera.
Aprendí a ser sin tu sombra,
a encontrar luz en la herida,
a caminar mis propios pasos
sin temerle a la caída.
Y aunque el tiempo no regrese
ni enmiende lo que dolió,
en mi alma queda un rincón
para el padre que no fue y no soy yo.
Hoy te pienso sin rencor,
con un suspiro en la mirada,
y en la muerte que te lleva,
te dejo ir sin nostalgia.
No serás un fantasma en mis días,
no serás eco de lo que no fue,
te suelto en la brisa callada,
te despido en este papel.
Adiós, padre ausente.

JHONATAN DE JESUS BOBADILLA
Soy psicoanalista y escribo. Escucho en el diván y en la página: lo que duele, lo que insiste, lo que no se deja decir del todo. Hago de la palabra un lugar sensible y habitable.
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