viví mucho tiempo
en estado de alerta.
aprendí a hablar más fuerte,
a moverme más rápido,
a convertirme en incendio
para que alguien girara la cabeza.
habité personas
donde amar
significaba perseguir,
perdiendo partes de mí
solo para sentir
que alguien se quedaba.
hoy,
entro a un lugar lleno de gente
y mis ojos son abducidos
en un milisegundo,
viajando directo
a los suyos.
ahí está,
mirándome.
como si ya me hubiese encontrado
incluso antes
de que yo llegara.
el volumen baja a cero,
las voces dejan de empujarse,
mis hombros se relajan,
como cuando el campo
me enseña a respirar más lento.
y por primera vez,
en mucho tiempo,
mi cuerpo deja de prepararse
para el impacto.
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