La realidad se estrella con mi oscura fantasía,
dejando a su alrededor los escombros de mi cordura,
los rastros de miles de sueños rotos y un triste anhelo de felicidad que yace inerte en mis pensamientos. La cordura se desvanece,
el desvelo me persigue,
sátricas sombras susurran, y una bella mujer me tortura.
¿Cuál era su nombre?
No lo recuerdo. Solo veo rastros de algún amor,
ecos de una mañana preciosa.
—¿Algo de esto te suena familiar?
—gritaba la mente de un pobre loco, que sin poder hacer nada se hundía en la tristeza,
mientras hablaba con su subconsciente en un río sin fin y bajo un sol dolorosamente ardiente.
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