Puedo oírte, ágiles son tus pasos.
Envuélveme en tu abrazo,
Escala el acantilado bronceado de mi espalda
Graba tu nombre en él con tus garras.
Puedo olerte, traviesa.
Tu aroma llena la extensión.
Entre el anhelo y la satisfacción,
Sabemos movernos con destreza.
Puedo verte viniendo a través de la niebla;
Acercándote a mí suavemente, como una leona.
Pero ten seguro que no soy una presa.
Estoy listo para recibirte, ponme a prueba.
Puedo saborearte, labios de frambuesa.
Me deslizo por tus picos salados
Dejando en tu piel nívea mis huellas
Yendo hacia el sur, el suelo tiembla.
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