Le conté a la Luna, ya que es buena con los secretos, y me dijo que lo guardaría.
También le conté al Sol, y él me dijo que lo conservaría.
Pero llegó el eclipse, y al unirse , mi secreto salió desprendido por el espacio, hasta que llegó a Mercurio.
Al ser el planeta de la comunicación, mi secreto se repetía como un eco.
Luego alcanzó a Venus, al ser el planeta del amor, se sensibilizó. Y al no saber nada más de la historia, se entristeció, y lo envió al planeta Marte.
Marte, caracterizado por la ira y el impulso, no lo pudo soportar y estrelló a mi pobre secreto contra Plutón. Pero como a él no lo consideran planeta, lo envió con mucho cuidado a Neptuno, el planeta de los sueños y las ilusiones .
Neptuno, al ver que mi secreto no tenía nada de ilusion, le pidió a las estrellas que lo guardaran para siempre.
Pero las estrellas, al no ponerse de acuerdo, lo dejaron al cuidado de Saturno, el planeta de la responsabilidad.
Saturno, confundiendo a sus 274 lunas con la Luna (esa misma que al principio lo sabía todo) le devolvió el secreto.
Ella, al sentirse tan culpable de que ya todo el universo lo supiera, se lo entregó a la Tierra, quien con una brisa en el viento
me lo susurró diciendo mi gran secreto:
"que aún te nombro en silencio"
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