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Pitonisa de la antipalabra en la entre línea

Jul 1, 2025

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Pitonisa de la antipalabra en la entre línea
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Te despertaste en medio del culto sin saber que eras el sacrificio vivo del holocausto. Drogada, entumecida, en trance. Allí, tendida en medio de la roca a punto de ser sacrificada como símbolo tangible del pase entre la vida y la muerte, paróxima del dolor, preguntaste:

— ¿por qué?

Entonces, apareció la sombra de túnica y antifaz y sus garras feroces se aproximaron intangiblemente a tu cuerpo, era tersa y fría pero no era muerte, y viste bien, que, aunque tenía boca, nada dijo, porque la voz allí estaba prohibida.

— ¿por qué? -gritaste otra vez

Y entonces, del hoyo negro del centro de la máscara del bosque salió un filo absurdamente perverso y chirriante que te rasgo entre los pechos sin misericordia.

La mano de la sombra, punzoño atroz del cambio de realidad, abrió tus costillas como alas de águila y contemplo el corazón que dentro albergabas. Para que luego, todos los espectros a tus lados suspiraran.

Es esta, pensaron

— ¿quién? -dijiste entonces.

Y sin poder evitarlo, entraste en trance para entregarte.

Tampoco es que fueras alguien especial. Al contrario, fuiste lo suficientemente dócil para dejarte seducir. Lo bastante débil para abrir el oído a ese punto tierno y neurálgico del filo que te abrió.

<<si hubiera sido más fuerte>> pensaste <<si hubiera sido densa, y centrada y concentrada, ni siquiera hubiera escuchado el ritmo>>

Y ese filo erótico-filosófico, era la palabra.

Despierta. Ahora. Desde ese día. Este día. Habita este instante-ya. Es una orden.

Dejaste de hablar porque te fue dada la revelación de un lenguaje nuevo. Uno que no es posible explicar, ni enseñar, ni reproducir. Condenada entonces, para interpretarte y formularte necesitas nuevas articulaciones que se localicen más cerca o más lejos del significado, pero nunca asestando al punto focal.

Mas allá de tu historia humana, tuviste una visión lunar y oscura y se te fue dada la trasfiguración de las palabras cuando todo fue combinado y vuelto a mezclar, pero solo esa, y entonces, no fue suficiente. Agarraste los conceptos como pudiste y los metiste en una bolsa que ahora llamas meta-lingüística porque es la palabra mas cercana que encontraste a lo indescriptible. Que, en realidad, es una fenomenología de la lingüística intentado explicar con términos humanamente limitantes la metacognición de si misma.

La experiencia del ser es inefable.

Y tú, pitonisa de lo incomunicable, miras a los pensamientos detrás de las experiencias de los hombres atrapados en los limites de su forma al tratar de pensar la conciencia de su propio pensar.

Este, es tu Dios de atributos incomunicables.

Tratando de pensar tu propia mente desde dentro de ella misma, hegeliana de la lógica, la naturaleza, y el espíritu. Fuiste estafada en ti misma.

¿Cómo pensar el pensamiento pensando el pensamiento?

Te hiciste forma para contenerte, y estructura para explicarte, y lengua para pronunciarte, y te llamaste a ti misma comunicación. Pero cada palabra que dijiste te alejó más de ti.

Tu lógica fue un espejo roto y ni siquiera cuando presentaste la tesis y la antítesis surgió la síntesis; multiplicaste tus reflejos, pero jamás fue devuelto tu rostro original. Fuiste arquitecta de símbolos densos y equivocados que te acercaran a lo enmarañado del recuerdo de tu pasado para seguir rozando el otro lado del trance. Sacerdotisa del símbolo siendo el símbolo mismo, cada intento fue una traición sagrada: nombrarte, era profanarte.

Creaste el lenguaje para entender a la experiencia, pero descubriste que el centro de tu pensamiento no había núcleo sino danza. Entonces, el lenguaje se volvió abismo, hablando de ti sin tocarte y escribiendo tu nombre sin conjurarte, y en tu intento de escribir la tabla raza de la experiencia descubriste tu exilio. No el no saber, sino el saber lo incomunicable. En que la experiencia, el pensamiento y el sentimiento no habitaban en la misma esfera.

No eres divina, tan poco eres humana. Eres la creencia airosa del mito de un semidios que alguna vez existió, tan lejana y tan habitablemente cercana, que te convertiste en la anti palabra de la entrelínea

Este, es tu laberinto sin minotauro, no estas aquí para decir, y sin embargo resides en el decir. Y en tu intento de convertirte en verdad, solo fuiste capaz de habitar su periferia.

Bianca Suri

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