mobile isologo
buscar...

Pensando en morir, escribiendo para vivir ¿Quién piensa en suicidarse alguna vez fue sano?

Tongas24

Sep 11, 2025

133
Pensando en morir, escribiendo para vivir ¿Quién piensa en suicidarse alguna vez fue sano?
Empieza a escribir gratis en quaderno

Me disculpo por mi apariencia, pero me he enfrentado a tiempos difíciles durante los últimos años. Si encuentras contradicción en este texto, está perfecto, soy humano.

No voy a hablar como un licenciado en salud mental, voy a hablar como un joven de 23 años que todavía mantiene esa pulsión de vida, pero que últimamente dura muy poco, haciéndome recaer nuevamente en dolores ya conocidos, que generan nuevos traumas cada vez que los recuerdo.

Quien tiene pensamientos suicidas siempre tendrá en su cabeza la idea de que nadie lo entenderá, y es verdad. Como bien dije en múltiples ocasiones, hay que aceptar con delicadeza que puede ser que fallezcamos sin que nadie se haya puesto verdaderamente en nuestros zapatos. Pero es algo totalmente válido: todos tienen sus luchas internas. Aunque también se debe aceptar que hay luchas que resuenan más, duran más y dejan más muertos que cualquier otra. Esa lucha se llama depresión.

Dicen que el depresivo es alguien enojado, lo afirman de antemano sin ver ciertos casos.
En parte estoy de acuerdo: el depresivo es alguien enojado, y cada persona tendrá sus motivos. Pero no comparto la idea de confirmarlo de antemano sin conocer cada caso. Yo pude ver con mis propios ojos cómo una persona con gran depresión no estaba enojada con el mundo ni con el pasado. Tenía muchísimo miedo, un miedo que apareció porque era consciente de que en algún momento fue feliz, y eso le daba terror. El terror de no poder volver a sentir esa plenitud. Pedía a gritos una cura; y si alguien se la daba en bandeja, la cuestionaba, tal vez hasta te miraba mal, pero no se enojaba aunque su cara dijera lo contrario. En el fondo, agradecía por la nueva oportunidad.

Por eso, como bien dije al principio, no vengo a hablar en nombre de la ciencia, vengo a hablar de mi experiencia. Y mi experiencia, por el momento, fue encontrar a personas con depresión muertas de miedo, en quienes la sensación de enojo nunca estuvo presente. Pero quién sabe: al no ser un profesional de la salud validado, es muy probable que esas personas me hayan mentido, y que sí hubiera odio. Entonces, me trago mi saliva y le doy el brazo a torcer a quienes dicen que el depresivo es una persona enojada con el mundo.

Me di cuenta de algo: el conocimiento es muy doloroso, es muy solitario.
Es doloroso porque, aunque uno sepa cómo intervenir de forma tal que la otra persona nunca note que querés ayudarla —sino que la tratás con neutralidad, aunque en el fondo quieras salvarla—, esa persona se niega, es doloroso. Dice que su dolor no tiene solución, mientras su alma se parte en dos, dejando un vacío enorme en nuestro absurdo conocimiento, ese que creemos tener sobre cómo tratar un tema tan delicado.

Y es solitario, porque a veces quien tiene el conocimiento debe soportar no ser escuchado, por esas personas que están sentadas en lugares privilegiados y que el pueblo los ha votado, deciden no darle importancia a los cadáveres que se entierran constantemente en esa guerra silenciosa llamada depresión y cuando tenés conocimiento sobre temas profundos, da por hecho que tu única compañía será el desprecio.

Y voy a citar a Arthur Schopenhauer  ya que él hablaba sobre la dificultad de la discusión racional con personas que no buscan comprender o razonar, y cómo con frecuencia recurren a falacias y ataques personales : 

De cien hombres, apenas hallaremos uno solo que resulte digno de entablar una discusión. En lo que respecta a los otros, hay que dejar que digan lo que se les cruza por la cabeza, puesto que es un derecho del hombre ser idiota 

Y la psicología sin conciencia de clase ni de lucha social no es más que gestión del sufrimiento para que todo siga igual.

Quiero hablarte a vos, esa persona que piensa en suicidarse. 

Sé de primera mano lo que piensa y siente una persona con depresión. Sé lo aterrador que es cuando, por un instante, aparece esa voz horrible que nos quiere hacer ver la muerte como una salvación.
Al ser humano lo construyen vivencias dolorosas; nos atraviesa en el corazón un lago de recuerdos de amores castigados, traumas que nos hacen volver a sentirnos un niño asustado nuevamente, aunque tengamos hijos y una esposa.

En el mundo existe una persona que fue abusada de pequeña, pero no lo contó, lo calló y dio a luz a una familia hermosa.
En el mundo existe una persona que vio cómo su madre intentó suicidarse o, peor aún, encontró a su padre colgado.
En el mundo existe una persona que no conoce el sexo porque toda su vida fue insultada por su cuerpo, dándole así una perspectiva dolorosa sobre sí misma, una vergüenza que roba el goce del placer. Ni hablar de quienes no se acercan al sexo por miedo: porque alguien en quien confiaban los lastimó profundamente. Sintieron cómo cada acercamiento podía dolerles por dentro, pero nunca pudieron confrontar directamente a quien los lastimó, por miedo o por las circunstancias. ¿Se entiende a qué me refiero? 

En el mundo existe una persona que fue a más entierros que a cumpleaños.
En el mundo existe una persona que, aun siendo consciente de que tiene a todos sus seres queridos vivos, piensa más en morirse que en celebrar que tiene un motivo para festejar.

En el mundo existen personas que son dignas de admirar, de aplaudir, de abrazar, de mirar a los ojos y darles un reconocimiento por haber sobrevivido. Podría seguir escribiendo sobre dolores crueles y realistas, pero ¿para qué seguir, si este texto es para darte motivos para vivir o para que no te sientas solo? Parece que fallé, ¿no? Lo lamento: me acaban de atacar esos pensamientos de querer morirme mientras escribía esto. Me lastimé mucho. Pero capaz, ahora, en este estado, podamos entendernos mejor, ¿no?

Te voy a contar mi sensación actual que apareció por querer hacerme el héroe escribiendo: quiero morirme. Acepto que no tengo solución. Una solución que nunca debió aparecer como tarea, ya que lo único que hice fue vivir sin molestar a nadie. Sin embargo, el dolor me atacó, el sufrimiento me castigó por querer vivir la vida sin lastimar a los demás. Soy una cosa que solo sabe llorar, culpar, cuestionar sin querer respuestas y señalar con el dedo hacia el cielo, buscando el rostro del creador para pedirle que me arme de nuevo.
Pero, ¿por qué le pediría que me arme de nuevo si quiero morir? ¿Por qué acabo de pensar en eso? Déjame analizarme, dame dos minutos… ya vuelvo.


¡Ya entendí! Porque en algún momento del tiempo fui feliz. Y viví esa felicidad de forma tal que siempre me va a validar para luchar por los demás , aunque sea sólo como pensamiento efímero, la idea de que las personas pueden llegar a ser felices. Sí, las personas… yo no. Yo me quiero morir, recordemos eso.

¿Sabés? Ahora que estoy así, que me acabo de condenar escribiendo esto pensando que te iba a ayudar, parece que también te acabo de condenar, ¿no? Pero antes de terminar de escribir e ir corriendo a desaparecer con cualquier objeto filoso, quiero hacerte una pregunta:

¿Quién piensa en suicidarse alguna vez fue sano? Yo creo que sí. No creo que vengamos fallados de fábrica; no somos juguetes. Somos humanos: si nos cortamos, sangramos.

Pero también, además de esa pregunta, quiero contarte con mi último aliento lo que siento:
Siento dolor, me cuesta mover las piernas, siento que no tengo fuerzas ni para mover la cabeza. Mis párpados me pesan. Veo a la muerte como algo hermoso que baila entre nosotros de forma tal que sus pasos pueden tranquilamente seducir incluso a quien está “sano”.

También tengo vergüenza: no quiero que mi entorno me vea así. Prefiero que me vean pálido, muerto, cortado, disparado, lo que sea… pero llorando, no.

Pero, mientras escribía esto, mientras pensaba en eso, entendí algo: más allá del dolor que tengo, siempre mi gran lucha no fue curarme, fue cuidar al resto para que no sientan lo que yo siento. ¡Sí! ¡Es eso! ¡Encontré nuevamente un motivo!

Ahora que lo pienso, si me suicido, les daría más motivos a los vivos para pensar que el muerto descansa en paz. Si termino con vida, estaría dándole la victoria a la muerte, sobre mí y sobre mis seres queridos. La angustia de mi gatita, de mi perrito; las lágrimas de mamá en mi ataúd; la frialdad de papá rompiéndose mientras me entierra; mi familia pensando en crear una máquina del tiempo; mi esposa recordando el primer beso; mis hijos deseando patear la pelota con su padre… Todo tiene sentido ahora que lo pienso.

Si todavía no estoy muerto, es porque entiendo y acepto que nadie podrá ponerse del todo en mis zapatos. Pero eso no significa que no pueda continuar viviendo, si existe una cosa maravillosa llamada amor. Es así: si estoy, no es por mí, es por ellos. Porque entendí que hay dolores que nunca se van a superar. Pero al levantarme cada día de la cama justificó con mi presencia que nunca le voy a dar a la muerte ese sabor agridulce que tiene la salvación por terceros y no por uno mismo. Es agridulce, porque uno debería vivir por uno. Pero bueno, en un mundo donde todos los días podemos sufrir, empezamos a caminar por los demás. Y eso… eso es totalmente heroico y además uno siempre tendrá que empezar por uno mismo, pero nunca terminar en sí mismo.

Si todavía no me suicidé es porque, en la eterna ausencia que dejaría mi muerte, les estaría dejando a los vivos un gran porcentaje del dolor que yo siento. Y aunque tenga pensamientos sobre morir, no lo hago porque tengo un gran corazón y odiaría ver, desde el más allá, cómo un familiar se mata por las mismas sensaciones que yo tuve y les dejé. Eso hace una persona con amor y con un gran dolor: lucha más por la felicidad de los demás que por la propia, porque sabe, muy en el fondo, que no tiene cura… pero sí puede ser cura para aquel que venga a pedirla. Ósea, sanar a través de tu dolor y que también puede ser el arte del depresivo callado.

Ahora sí. Espero de corazón que todo haya quedado claro. Si estás pensando en suicidarte, quiero que sepas que siempre habrá alguien que piense en vos antes de irse a dormir. Por obvias razones no lo dice, por vergüenza, justo la misma sensación que podés llegar a tener vos cuando te preguntan por tu dolor.

La vida es un hermoso milagro que merece ser cuidado, también cuestionado, pero primero cuidado. Existen personas que ahora mismo están muriendo en un hospital, deseando abrazar a mamá o a papá. Seguro alguien acaba de quitarse la vida mientras escribía esto. Ahí nos damos cuenta de que la muerte siempre acecha.

Te amo mucho. Sos un hermoso milagro. Nunca vamos a vivir esta vida nuevamente. Tenemos que ser conscientes de que todas las noches aparecen las estrellas en el cielo, de que todos los amaneceres son hermosos, y ni hablar de cómo impacta el primer rayo de sol en tu cara luego de una noche en la cual luchaste por tu vida. ¿Acaso eso no es hermoso?

Te deseo muchísima suerte y pido perdón si algo no se entendió. Escribo por pasión, y la pasión a veces me hace escribir mal. Tampoco sé escribir del todo bien; acá seguramente quede todo “perfecto”, pero te cuento algo: una vez, cuando tenía alrededor de 10 años, escribí la palabra “PERO” en vez de “PERRO”. Qué bruto, ¿no? También declaré mi amor por medio de una carta que al día de hoy me da pena leer porque tiene faltas graves de ortografía. Y un día me caí mientras corría luego de tocar el timbre de una casa: el señor salió, me sonrió y se metió nuevamente a su hogar. Bueno… capaz eso no importe mucho, ¿o sí?

Ahora sí, te dejo tranquilo. Espero conocerte en este mundo o, por qué no, en el cielo. Pero si nos encontramos en el cielo, que sea por muerte de forma natural. Mínimo nos merecemos eso, ¿no ? Nos merecemos bellos milagros y ocurrirán. Descansa: mañana será otro día.

Mi nombre es Gastón Adrián Paz y, aunque te mueras, vas a brotar nuevamente en mi jardín y volverás como la luna vuelve a mi patio.

¿En qué idioma voy a morir? ¿En qué idioma morirán mis versos? Lo que acabo de escribir se puede decir más alto, pero no más claro.

Expresate.

 Capaz al principio largás todo de forma rápida, caótica, hasta inmadura.
Pero no pasa nada.
El comienzo de la sanación no suele ser elegante ni madura.
Suele ser desordenada, torpe, y profundamente humano.
Porque merecés ser escuchado, incluso en tu caos.
Especialmente en tu caos.

Decí lo que sentís, o ese silencio te va a hacer ruido toda la vida. 

Cuidate, presta atención a los te amo y lucha por tus sueños. Vivir solo cuesta vida.

Si sientes dolor, estás vivo, pero si sientes el dolor de los demás, eres humano

León Tolstói


Tongas24

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión