Dormí. Dejá reposar a las cosas. Apoyá la cabeza acá, dejala caer. Hacete de la seguridad de que al despertar una mano va a acariciarte la cara. Dejalo pasar, ahora dormí. Descansá, dejá que el cuerpo descanse. Metete al agua, metete en la ducha, quédate un rato ahí abajo. Quedate ahí, intentá pasar a otra cosa. No digas palabras de más. Cuidá las palabras. Después decís miles de cosas sin sentido y te enredas, ¡te metés en una enredadera! Y mientras más intentas usar cientos de miles de nuevas palabritas más te apretas, más quedás atrapado.
Cuidate. No te pierdas en los excesos del odio y del miedo, pero hacelo por vos. No te dejes enfermar por lo que te hicieron. Perdoná y seguí, como si nada hubiera pasado. Seguí: hacé la paz con vos mismo, reconocé qué batallas dar y cuáles no. Ahí está la paz. Ahí es donde hay que hacer los tratados, las treguas: con los excesos que están adentro tuyo. Dejalo todo por las batallas que sí merecen la pena, déjalo todo por los amigos que cuando te escuchan se quedan con algo tuyo, que cambiaron junto y gracias a vos, que te hicieron moverte de tu lugar, que te sacudieron, que te ayudaron, que te hicieron cambiar tus modos de pensar, que te hacen parte de su vida desde el amor y desde el deseo de la vida. Quedate ahí. Observá. Observá bien quiénes son refugio y quiénes no. Tomate un tiempo. Un tiempo para ver. Para ver cómo están las cosas.
El celeste del cielo está resplandeciente, y tímidas asoman las nubes que cargan lluvia y tormenta. Con mi hermano miramos el cielo. Me gusta verlo observar el cielo y decir que va a llover. Me hace acordar a nuestra infancia. Los dos mirando el cielo en el mismo patio de siempre. Cuando era chico ese jardín para mí era un estadio de fútbol.
Después llueve. Tengo que cuidar a mi perro porque le da miedo la tormenta. Pero en casa todo está tranquilo. Casa. Tengo que irme de casa. Ya no puedo vivir más en casa. Ya no. El jardín ya no es más un estadio de fútbol. Mis ilusiones ya no existen.
Dejate llevar por la delicadeza del sueño. Apoya la cabeza e intentá dormir esta noche. Cuando baje la angustia será momento de mirar un poco más de cerca. Fijate a donde te lleva esta angustia. Escuchala. Escuchá que palabras trae: como las mareas del mar, fíjate qué aparece. Estate atento al detalle. Siempre estate atento al detalle.
Hoy dormí. No hay nada más por hacer. Dejá que el tiempo haga lo suyo. Dejalo pasar. Las palabras se van a acomodar solas. Después del sueño se abrirán nuevas palabras. La noche está cargada de lentas quietudes. Después vas a poder pensar mejor. Vas a poder mirar más claro.
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