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Esclavas del silencio

May 17, 2026

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Esclavas del silencio
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El metálico sonido de la piedra gastada del encendedor, rechina en su habitación. solitaria y en penumbras, se sienta en el borde de la cama para inundar sus frágiles pulmones de aquel vicio que la domina. Dientes manchados develando, no solo el exceso de nicotina, sino además el paso del tiempo y la infinita depresión. Mientras desinfla sus pulmones llenando el ambiente de humo se dice a si misma, _¡Otro día menos!_ frase que pronuncia a diario de manera pesimista mientras se calza las pantuflas disponiendose, a lo que día tras día realiza con todo tipo de quejas, pero sin ninguna objeción.

Con somnolencia y apatía se dirige a la cocina, enciende la luz y pone agua a hervir. Saca de la alacena una taza y de la bajo mesada una caja de leche en polvo, mientras el sonido de la pava le advierte que el punto justo de ebullición. Prepara la bandeja del desayuno a modo de ritual. Entre sus labios secos y agrietados se desliza, no solo el barullo de su mente fragmentada; sino un murmullo sincesante de lo que no debe faltar, a modo de lista mental para no tener que estar yendo y viniendo de la cocina al cuarto y viscerversa._Taza, repasador, cuchara grande y pastillero_ , repasa pero ahora con la mirada confirmando que no le falta nada. Toma la bandeja en su manos y arrastrando el paso se adentra en un angosto pasillo, como si de un túnel se tratase.

Ni bien abre la puerta del cuarto de su madre, un desabrido buenos días se esfuma en los vértices de la desolada habitación, quedando sin respuesta. El sol aprovecha que la deteriorada anciana está profundamente dormida, para filtrarse entre los huecos de la persiana roída, porque una vez despierta de manera imperativa exige total oscuridad. Despreocupadamente suelta la bandeja en una mesa improvisada al costado de la cama, que antes era el descanso de un televisor. Camina con desgano hasta el antiguo ropero. mientras lo hace, observa su descuidada imagen en el gran espejo frontal. Lo que ve no es de su agrado y solo por ese motivo acelera el paso. Casi sin mirar introduce su mano derecha sacando todo lo que necesita, llenando su brazo izquierdo con aquellos objetos utiles para el aseo diario de su madre. Nuevamente, como lo hace con todas las cosas que hace, se filtra entre sus labios casi cerrados un monologo, con el fin de controlar que nada falte, porque una vez que respira hondo armándose de valor para el encuentro con lo incomodo, es perturbador pausar la acción por un olvido.
_Guantes, pañal, tollas húmedas, talco y crema_, repite susurrando sin cesar. El ritual esta por comenzar y su progenitora sigue dormida. Se coloca los guantes y acto seguido ladea el huesudo cuerpo en posición fetal mientras se dispone a limpiar sus partes pudendas.

Mientras lleva a cabo la asqueante accion su mente se llena de reproches. No deja de preguntarse como quedo atrapada junto a ella, mientras separa los pliegues de sus nalgas para colocar crema y talco, así no se formen escaras. Finalizado el fatigoso y vomitivo acto, la coloca mirando al techo, dispone sus finos brazos al costado de su cuerpo y por ultimo la cubre, primero con la sabanas y luego con el acolchado desteñido. La octagenaria sigue sin inmutarse, ajena a todo lo que sucede. La ceremonia continua con la segunda fase. Toma un cepillo de serdas gastadas para peinarla, sin darse cuenta que va desde la suavidad a la crueldad. Aparece nuevamente el balbuceo dominante, otra vez el palabrerio sin sentido, en donde pierde la compostura y los buenos modales, desatando lo más salvaje y primitivo de cualquier ser humano que guarda durante mucho tiempo el peor de los sentimientos: el odio.

¡Qué castigo el mío, ojalá me libraras de tu despreciable presencia. Mala madre, mala esposa, mala en todo el significado de maldad_ Su soliloquio aumenta tomando formas oscuras de gritos enajenados, en mirada siniestramente desorbitada. Asi, su rostro desencajado refleja el animal rabiosamente resentido que la habita desde siempre. _Ojalá alguna de las dos muriera, no tolero la humillación a través de tu mirada, tu ausencia convertida en silencio dejándome sola con mis pensamientos suicidas, ¡No sos madre, no sos nada!_

Lagrimas que patinan por sus pómulos abatidos, la auxilian a salir del trance. suelta el peine y adopta nuevamente la sumisión voluntaria, acomodando sus gestos, su mirada descompaginada, sus palabras desbocadas. Reaparece una falsa armonía. La brisa se cuela entre las rejas de la ventana ahuyentando reproches y fétidos olores.Toma la taza con leche en polvo previamente batida con un poco de cafe, acomoda el percudido repasador debajo de la mandibula flacida. _ Mamá, abrí los ojos, asi tomas el desayuno, dale no te hagas de rogar y abri la boca por favor que tenes que tomar despues las pastillas_ dijo con autoridad y al no tener ni un parpadeo que le indicara que se estaba desperatando en su voz temblorosa quedo reflejada la incertidumbre_¿Mamá? ¡mamá, no me asustes! ¡Mamá, despertá por favor! ¡Auxilio!¡Auxilio! , gritaba mientras corria despavorida en busca de ayuda.

Se supone que la historia deberia terminar en ese punto. Pero como la que escribe soy yo, elijo darle voz a la anciana para que el texto sea justo, el lector tenga disponible las dos miradas del asunto y elija con que version quedarse.

Para cuando su unica hija hacia rechinar la piedra gastada del encendedor, ella lleva horas de insomnio, debido a los múltiples dolores propios de la edad. Con parpados desplomados repasaba su existencia, esperando la cita inaplazable con la muerte. Lentamente el techo blanco ceniza, se conviertia en la superficie perfecta para proyectar algunas escenas gastadas de su vida, que apenas logra recordar. Lo que reflejaban cada una de ellas era lo que toda mujer, debia ser y hacer, para ser respetable. Su innegable rebeldia, por un tiempo, se nego en aceptar aquel rol sumiso. Despues no tuvo otra opcion que solo aceptar su destino.
Siguiendo con la tradicion familiar se caso con un hombre que le triplicaba la edad y rapidamente se embarazo. Su único parto la condeno a fingir eternamente un rol que ella no queria y asi fueron pasando los años entre las atreas de ama de casa y la mala interpretacion de madre abnegada.
La picazon en la garganta que sentia desde hace ya algunos dias, la saco de su trance para volverla a la realidad de la habitacion con olor a ancianidad. La escucha arrastrar sus pies por el pasillo y siempre que eso pasa quisiera vivir en un desencuentro infinito con ella. Odia estar postrada, tolerando murmullos fragmentados, aliento a tabaco y gestos de recriminación. Cada momento a su lado es un recuerdo amargo de lo que no fue y sus sueños truncados.

El rechinar de la vieja puerta del ropero, le anuncia que el vergonzoso ritual del aseo, en donde pierde su dignidad, se acerca. Cierra los ojos, como si haciendolo seria menos vergonzoso. Estando en posicion fetal se siente mas vulnerable que nunca. inspira profundo esperando que pase rapidamente ese incomodo momento. Antes de mirar nuevamente el techo, siente un dolor profundo en su pecho. Su cita inaplazable con el sueño eterno esta fechado para ese dia, piensa de manera inmediata. No rehuye a pesar del miedo reflejado en sus pupilas. No suplica piedad,tampoco se arrepiente de nada, tampoco exhibe culpa alguna. Los años no la hicieron mas sabia solo acentuaron su excentrisismo y sin pedir disculpas, suelta su cuerpo y por detras la sigue su alma.

Tinta_bravaa

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