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montaña infinita

Poemario donde permito que mi vulnerabilidad salga a la luz.

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Escrito por

sofía @ssheffield

la escritura y la fotografía como curitas al alma

montaña infinita

Prólogo

El amor en diagonal abre la puerta de mi departamento, entra sin pedir permiso a la sala principal, se sienta en el sillón, junto a la sombra que espera el final del día. Antes, cuando esa sombra era cuerpo, me devolvía una sonrisa. Ahora no es más que un espejo: el mismo que me devuelve la imagen de esa mujer que fui.

Hoy, soy yo la que le sonríe.

El amor resuena en mis venas, corre y me atraviesa en forma de melodía; es un piano que irrumpe en la noche. No puedo dormir. Anoche tampoco pude.

¿Tendrá final? Dejé un candado en el muelle de mi pueblo. ¿Estará ahí?

Hubo un día en que construí un hogar sin sombra y sin espejo, solo porque quería que fuera como una montaña rusa —sí, una montaña que me hiciera sentir vértigo, temblar de miedo y, al mismo tiempo, sentirme segura— aunque no hubiera ninguna certeza de que, al comenzar el recorrido, pudiera salvarme.

Y así fue. Nadie me salvó y caí. Caí, caí.

Cuando me quise dar cuenta, mis brazos eran alas. Porque no había opción. Porque, cuando una cae, no hay forma de no convertirse en pájaro y volver al nido: al hogar que me mira y que miro, ese que me contiene y da calma.

Cuando volví a sentarme en el sillón de la sala principal, pensé que el amor no es mío, ni tuyo. Es una sombra que atraviesa la casa, esa sombra que sigo con los ojos empapados y que aún me toca cuando menos lo espero… o cuando yo misma la invito a mirarme y ser la fiesta que un día fuimos.

Paula Vautier.

Introducción

Estas palabras nacieron desde el amor, y para ese primer amor que te da vuelta la vida. El que te hace creer que vas a quedarte a vivir ahí para siempre y también del que un día se va, ¿y se olvida?

Porque hay amores que te suben tan alto que por un momento creés que podés tocar el cielo con las manos, y hay caídas que te sacuden tan fuerte que cuesta volver a la superficie.

Este poemario es todo eso: las alturas, el vértigo, los días de sol, los túneles oscuros, y las ganas de volver a subir, aun sabiendo que puede doler. Acá está todo lo que fui con ella, todo lo que soñamos, todo lo que dolió cuando se rompió, y todo (o nada) de lo que quedó después. Porque creo que, cuando el amor es verdadero, los vínculos se transforman y nosotras solo caminamos por subidas y bajadas como en una montaña rusa hasta llegar a la cima.

Por eso no hay orden, ni lógica. El amor nunca la tuvo. Solo hay palabras que intentan tocar el corazón de quién las lea. Y si alguna te resuena, entonces también estás subiendo tu propia montaña infinita.

Mucha suerte en el viaje.

Para la que, con un solo beso en mi frente, destruyó todos los muros y permitió que entren mis colores verdaderos.

Gracias.

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