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El silencio de Sol y Luna.

Cuento infantil más actividades para trabajar en el aula y también en casa.

Un cuento sobre el lenguaje del corazón, la amistad que no necesita palabras, y los veranos que no deberían terminar nunca.

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Escrito por

Miriam Rodriguez Roa @miriam

Crea cuentos que ritualizan vínculos y emociones. Su obra honra linajes y transforma gestos en memoria viva.

El silencio de Sol y Luna.

Índice

Introducción

Sol y Luna son hermanas. 

Sol tiene el pelo dorado y grandes ojos azules. Luna tiene rizos oscuros y los ojos marrones. 

Juegan, ríen, corren, saltan como todas las nenas de ocho años. Pero no hablan y no pueden escucharme. 

Cada verano cuando voy a la casa de mi abuela, están ahí, en la estación, esperándome. 

Ellas viven junto al mar. Tan cerquita, que desde su ventana pueden ver las gaviotas buscando peces. 

Cuando yo hablo miran mis labios y así las tres sabemos de qué conversamos. 

Si me caigo de la hamaca, me tocan las mejillas y si están húmedas, me abrazan y me dan caramelos. 

Cuando el mar se rompe contra las rocas, parece quejarse mucho, pero ellas no lo oyen, entonces grito frente a las olas y así también abren muy grande sus bocas y tomadas de las manos saltamos la espuma blanca que llega hasta la orilla. 

A la tardecita, las tres montamos en su manso caballo, y trotamos despacito, mientras reímos y la brisa salada nos enreda el pelo y nos deja roja las mejillas. 

A mí me parece que hacen magia con sus dedos, porque los mueven ágilmente y de ellos salen palabras. 

Mi abuela dice que escuchan y hablan con el corazón y que por eso es muy lindo darles su tiempo y aprender a comunicarse con ellas.  

Si lo dice mi abuelita, así es. Y yo sé que somos las tres mejores amigas y que quiero que los veranos no se acaben nunca. 

Pero cuando todo termina y toca regresar a casa, Sol y Luna sienten vibrar el andén bajo sus pies y entienden que el tren emprendió su marcha y yo desde la ventanilla, viéndolas cada vez más chiquitas, me asoma y grito al viento _ Adiós Sol, adiós, Luna, ¡hasta el próximo verano! Y ellas agitan sus manos, porque mi voz resuena en sus corazones. 

 

                                                                                                                            

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