Yung Beef viene el 30 de Noviembre a Argentina y muero de ganas de verlo porque entona el de Albaicín, Granada: "Mi único enemigo es Jesucristo" en un recital de Madrid y porque en algunos otros saca un Diablo negro, como con trajecito, y le prende habanos mientras lleva a Baphomet (¿o es Moloch?) sobre el cuello, labrado en una cadena de plata. Pienso en Jimmy Paige, quien compró la casa de Aleister Crowley y vivió en ella, vendiéndola al final para no volverse loco; pienso en las canciones sobre La Gran Bestia, como lo apodaban al ocultista, compuestas por Black Sabbath, y me pregunto si para Fernando Gálvez el Demonio es un ícono pop del mal o un verdadero ente que puede escucharlo y responder a él. Sé que Yung Beef escribe canciones y las canta porque le duelen, lo ha dicho él con los ojos negros, casi sin pupilas, y también sé que hace mucho rato soltó, como riendo, Ya no jodo con Jesucristo / nah / al Demonio le gusta como visto, cuando todavía formaba parte de la PXXR GVNG. A veces él sube historias al Instagram de su Diablo negro y yo me las quedo mirando e, incluso, en su última gira por México, pasó por un templo dedicado al Demonio y subió una foto agradeciéndole como su padre: el diablo en la imagen era una estatua sentada sobre un baúl negro y llevaba un traje como de corte real de color azul; tenía barba roja, cuernos amarillos que eran abrazados por un cordel que llevaba a una corona y, en las garras afiladas, igual de coloradas que la barba, yacía un cigarrillo sin encender.
Yung Beef admitió algún par de veces, medio en broma, medio en serio, que su nombre deviene de Young & Beautiful, himno de Lana Del Rey, a quien uno de sus tantos acosadores reiterados le robó su propia copia de La biblia satánica de Anton Szandor LaVey una de las veces que irrumpió en el domicilio privado de la angelina por convicción. Las estrellas y los ídolos de la cultura pop adoran al Diablo. Después de todo, el fundador de la Iglesia Satanista nombró al cantante Marilyn Manson como arzobispo de su iglesia y se paseó incontables veces con su amada Diane en morning shows y talk shows disponibles en VHS. Pero está el satanismo teísta y el satanismo convexo, y Yung Beef dice: "Me protege. Es lo único que hay. A ver, él es muy guapo, me gusta su estética, pero no... él me llama. Él me llama. No sé, yo tengo algo bien con él. Yo no lo veo malo. Para mí el Demonio no representa el mal. No representa nada malo, representa libertad. Mi trabajo es la música, si tú lo piensas (...) la música es pagana, ya viene del Demonio, yo trabajo en la música y represento a la música, al final, es lo que tengo.
Por supuesto que leer eso me lleva a una vorágine. Como cuando no dormía por las noches y apenas entendía qué pasaba o cuando mi mente me traicionó y escuché a mi propia voz en mi cabeza avisando que un demonio se manifestaría en la esquina de mi cuarto y, cuando efectivamente vi hacia esa esquina, vi una forma gris difuminada con cuernos y un rostro extraño. Me giro a observar la esquina ahora mismo, justo al lado del ropero y la correa de la persiana de mi ventana. No siento miedo pero siempre me preocupa volver a verlo, porque eso significa que estoy perdiendo más y más mi agarre al mundo. Lo he visto, después, en la borra del café, también con una amiga mientras escuchabamos a Aphex Twin y yo le tiraba las cartas. Con las amistades hacemos chistes al respecto, nos mandamos tweets y referenciamos la vez que me ataron a una camilla por pensar demasiado en la muerte o cuando mi cerebro empieza a captar las señales de radio, como si verdaderamente hablaran, incluso cuando sé que no es cierto. Es una forma de llevarlo. También lo es escribir obsesivamente y esperar que Yung Beef saque otro réquiem.
A veces escucho a Yung Beef y me pregunto cómo él ve las cosas. Yo le temo a Jesús casi tanto como al diablo de la esquina de mi cuarto y vivo compulsivamente deseando que nada sea cierto y que la muerte depare una película que pasa al color de la brea, y, al mismo tiempo, siempre estaré también buscando redención, sintiéndome mal por sentir que el horror y la desidia realmente me habitan, realmente me comen, realmente viven a través mío. No sé cómo él lo hace ni sé si algo lo toca, pero cuando en su primer A.D.R.O.M.I.C.F.M.S., durante el introito, el flamenco frustrado entona: Pa' to' los seres inertes de este universo, sé que atraviesa los huesos como un clavo para colocar los aparatos indicados a los afligidos por la polio.
A Yung Beef lo hizo la vida. Según sitios web, cartoneaba con un tío de chico y luego hubo algún tema con el narcomenudeo y al final se largó a Inglaterra a ser bachero. Después se dió cuenta que lo de la música iba en serio, y recalca que ante todo la hacía porque dolía, sí, antes que se convirtiera la música en combustible para dar sustento a Romeo y Rosario, sus hijos. A mí me hizo la defunción de mi padre, mi madre que se iba tanto a trabajar y también mi abuela que me llevaba con ella a las reuniones de los Testigos de Jehová. Me daba la Biblia para Niños y yo la devoraba, sufriendo por Sansón y temiendo por Sodoma y Gomorra. También me hizo México, donde viví yendo de La Diana Cazadora a Iztapalapa y de ahí al colegio en Polanco. Lo miro a él y creo que no tenemos vidas parecidas, pero en el fondo quema lo mismo, en lados opuestos: yo temo ser una marioneta aquejada por el mal, él, hace de la música una representación del Diablo y a él como un mensajero de la música y mira su cadena plateada de Satán con inmenso cariño.
Mi padre era ateo. Mi madre, no sé. Creo que no entiendo bien qué piensa y le asusta que le comente lo que pienso yo, dadas veces que me ha preguntado por qué soy tan tétrica, cosa que nunca he sabido contestar. Prefiero sólo escribir sobre esto, conectándolo al fundador de La Vendición, el que sabe que escucharlo es como darse un pico y que cree en el Diablo y no le tiene miedo. A veces también lo charlo con los cristianos que me detienen en la calle y me preguntan si creo en Dios. De vez en cuando, contesto de a ratos. Luego, como si supieran qué pienso, me juran que no estoy volvíendome loca, que mire como el tiempo pasa más rápido. Ante eso, yo sólo alimento mi sufrimiento. A veces me gusta desahogarme con esos cristianos y me gusta rabiarles. También dejo que me apoyen las manos en los hombros y que me sigan hasta mi asiento en el colectivo, como meciéndome. Pero no siento contento. Pienso que Dios no es tan cierto como el veneno y que de todos modos me da igual a quién responde este mundo incomprensible que tanto resiento si bien, a veces, claro, escucho a Yung Beef y todo es placentero. Por eso prefiero ponerme los auriculares y hacerlo sonar.
Mami, en los libros lo llaman "Nihilismo" (Nihilism) En la calle que todo te da lo mismo (Ah) — Cryin' fo' Poor Love, Yung Beef.
Yung Beef me hace reparar en momentos pasados y notar todavía más la última colilla del último cigarro; me lleva a cuando esperaba la admisión para pasar un tiempo en el psiquiátrico Alvear, en ese momento donde no comía y sólo lloraba, y cuando me fui de allí porque dije que no estaba tan mal, aunque en realidad era que no quería que me pidieran de mi tabaco: en cuanto encendí uno, pacientes se acercaron a pedirme otro. Detesto compartir, incluso detesto compartir lo que quiero dar. Lo hago, de todos modos, a regañadientes, porque qué soy si no doy, tan sólo esto, una posesa que habla con cristianos parada en la vereda. Por eso también me gusta escuchar a Fernando. Me gusta oír al granadino hablar, me gusta tanto como oírlo entonar sobre las cosas que me asustan porque Yung Beef vive en otro estrato y en El Papasito, con Cookin' Soul, parece incluso reírse de la gente como yo, de mí, de los que sufrimos porque sí: Tu madre preocupada por depresión y suicidio / en el trap no hay na' de eso / prisiones y homicidio. Y yo me río, me río porque me causa gracia igual que como me divierte la respiración agitada cuando él muestra la estatuilla negra del Demonio en sus conciertos. Es, sin dudas, uno de sus rasgos más interesantes, aunque no el principal: Yung Beef admite su ternura, la plenitud en el vicio (leo que menciona en una entrevista que a las drogas les tiene respeto pero también indulge en ellas y recuerdo un prefacio de la Biblia Satánica de LaVey, que decía: Satán representa complaciencia en vez de abstinencia), la responsabiliad de criar hijos, el tener que manejar el dinero, el haber abierto su propia discográfica, sin jefes, donde cada uno se maneja a sí mismo, y te dice puta y habla de cosas tan íntimas al mismo tiempo, tan propias de un dúo con propios símbolos, que suena sentido, hasta sufrido, como si fuera un cantaor lamentando su suerte en una pieza andaluz. No por nada entona La coca está más pura que la guitarra de Tomatito / no me compares a violadores / comparame a los Chunguitos...
Es, al final de todo, un poco lo que muestra él: se desgarra de a ratos, cuando canta, cuando pasa el micrófono a alguien, como si esa parte de la canción fuera demasiado. Cantando arriba de una jaula, en Sonar o en Palermo Club en su última llegada a nuestro país la década pasada, Yung Beef es cultura pop y eso lo hace bastante demonio y él lo sabe: es tanto padre del trap hispanohablante como también estrella de rock y también un ícono pop, no por nada se llama Yung Beef AKA Lana Del Rey en YouTube. Me pregunto a qué le tendrá miedo porque yo le tengo miedo a volverme loca y al Demonio que él llama padre. Éste hombre que habla de mujeres como se habla de la luna y de la sobriedad cuando se la ansía, ese al que sus chicas llaman Manny Riviera, pareciera que nada de eso le importa. Le escriben artículos en universidades españolas y también libros, pues hace poco y nada salió Nueve Cantares para Yung Beef de Manuela Buriel, que llegará muy posiblemente a fin de año a Argentina, y lo escuchan en Latinoamérica, en Asia, en donde sea, y me pregunto si eso importará algo, si importará nada, porque para él la música y la vida siempre trataron de otra cosa (¿el ser real? ¡qué va! me la suda la música...)
Para mí, escribir siempre trató de otra cosa. Qué cosa, no lo sé, porque no me cura de nada ni me exilia de ningún mal. Escribir sobre Yung Beef es hablar de una fobia. Él revive mi fobia y como me encanta asustarme, también me encanta él. Me pregunto en qué otros mundos habrá Fernando librado batalla, si eso de la reencarnación existe, y me permito volar: fue, quizá, un cantaor muerto de un tiro por un triángulo amoroso que lo llevó al más profundo averno, fue, tal vez, también un gángster original de esos de la Ley Seca, cuando las flapper girls bailaban y salían de tortas de tres pisos entre alcohol de contrabando; pienso que también el Seco podría haber promulgado la ley antibrujería, cuando pasó a volverse ilícito el acusar a otros de ser entes sobrenaturales, haciendo que las hogueras quedaran en el olvido, o que quizá en su primer vida fue el mismo primer príncipe del mundo, fue verdaderamente ese ser alado que decidió pecar y lo hizo al ritmo de Yo estoy en la mía búscate la tuya.
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