Te di el poder de lastimarme,
porque sabía que no lo harías.
En ese instante vi tus ojos, palpitaban.
Palpitaba mi corazón y se moría;
se moría por saber que iba a suceder.
Estabas sanando un corazón roto que intenté curar solo, pero al mismo
tiempo te estaba entregando algo muy mío:
la confianza.
La abrazaste, y vino a doblegar todos tus deseos más rojos.
Aprendiste a mirarme en ese instante que te ofrecí mi corazón, mi amor, mi confianza.
Todavía tengo miedo, de que vos también pisotees ese tesoro,
que te entregaba.
No creo que seas la persona perfecta para mí,
pero si la correcta, porque sonreíste en ese momento
y me dijiste:
Tranquilo. Yo también, vengo a ofrecer mi corazón.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecitoSamir Jandar
Argentino. Me gusta vivir, me gusta escribir, me gusta actuar. ¿Qué más?
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.
.jpg-increased-Ccmn6g)
Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión