El otro día con amigas, estabamos fumando arguile al borde de la pileta de uno de los días más calurosos del año (y literal porque era el primer día del año). Charlado, escuchando música, tomando unas cervezas. Muy hermoso. Hasta que por alguna razón desconocida explóto el carbón del arguile y volaron un montón de pedacitos hirviendo.
Nunca deja de sorprenderme la fantástica habilidad del cerebro para reaccionar en situaciones como esa sin que la conciencia participe ni un poquito. Yo lo único que sentí fue un ruido de explosión y la sensación que me quemaba las piernas, y cuando quise acordar ya había aterrizado de un salto del otro lado del jardín quintandome desesperadamente lo que yo en ese momento creía que era un incendio inminente.
Me llevó un par de segundos volver a mí y darme cuenta que ya no corría peligro. Mis amigas deben haber visto todo eso como un gran show, sin tiempo a reaccionar siquiera. Me metí a la pileta para que el frío del agua calmara el ardor de las quemaduras, que ya en esa instancia se podía asegurar que por suerte, eran leves. Con un poco más de calma, revisamos las secuelas que poco a poco empezaron a aflorar en la piel de mis piernas, ampollas como pequeñas burbujitas que me hacían parecer una criatura de mar.
Por suerte fue solo un pequeño accidente. Nada que un poco de tiempo, crema y cuidado no sane. Y una vez que pasó el peligro, nos reíamos. Nos dimos cuenta que las partículas de carbón encidido volaron solo y únicamente en mí dirección. Quemaron levemente la silla donde estaba sentada, mis piernas y un poco de mi abdomen. Pero a ellas, nada, ni una sola pequeñita quemadura. Es fascinante, curioso, gracioso sin dudas, pero muy curioso.
Al día siguiente contacto la anécdota. La describí como un ajuste de cuentas del universo. Porque a mi criterio, no puede ser más claro. Ya me ha pasado otras veces, y es como una especie de trato con la vida. Todo lo que tomas, debe ser devuelto de alguna manera. Nada es gratis, y los favores se tienen que devolver, para restaurar el equilibrio.
"¿Me estás diciendo que el universo te castigó por haberte concedido un favor antes?". Es una manera un poco cruel de verlo. Prefiero entender que en la vida hay un determinado equilibrio, y que eso que me pasó fue el pago de alguna situación que pasó o pasará en la que tendré más suerte. Podría pensar que ese accidente fue solo mala suerte, o pensar que la vida me odia, o que simplemente fue el azar y eso también sería bastante útil, aunque vacío de significado (lo que para mí es absolutamente imposible).
Claramente, son solo historias que inventa mi cabeza para darle sentido a la vida. Pero al final, ¿quién no lo ha hecho? Todos los hacemos. Y a mí me gusta pensar que ese desafortunado hecho que sucedió el primero de enero de 2026, fue para saldar alguna deuda y empezar el año limpia, o mejor aún, para pagar la suerte que voy a necesitar para enfrentar algun otro hecho en este nuevo año.
Yo no creo en las brujas, pero que las hay, las hay.

Valeria Tuma
Solo otra partícula con consciencia, flotando en esta incomprensible familia de esferas que giran alrededor del sol.
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