mobile isologo
buscar...

Ya verás

Mar 3, 2026

111
Ya verás
Empieza a escribir gratis en quaderno

Ya verás.

No te lo digo como amenaza
ni como súplica,
ni siquiera como despedida elegante de esas que uno ensaya frente al espejo
mientras aprende a parecer entero.

Te lo digo como quien deja una carta sobre la mesa
sabiendo que nadie va a leerla completa.

Ya verás.

No debí saber quién eras
cuando todavía eras una promesa.
No debí contarte mis grietas
como si tus manos fueran yeso fresco
y no dinamita.

Noviembre siempre me ha quedado grande.
Tiene esa costumbre de abrir ventanas
cuando uno apenas ha aprendido a cerrar puertas.
Y tú llegaste en noviembre
con esa forma tuya de mirar de frente
como si el amor fuera un trámite
y no un incendio.

Yo ya venía quemado.

Tú viniste proponiendo guerras
donde yo apenas estaba aprendiendo
a firmar treguas conmigo mismo.
Tú, tan concreta.
Yo, tan desastre con metáforas.

Me hablaste de futuro
como quien organiza un calendario.
Yo te hablé de miedo
como quien confiesa un crimen.

Y aún así nos quedamos.

Porque hay una forma del desastre
que se parece mucho a la esperanza.

Ya verás cómo me olvidas.

Te imaginaré en cualquier bar,
con esa risa limpia que siempre me dolía
porque no era mía,
porque nunca fue mía del todo.

Te veré pegando saltos de alegría,
brindando por algo nuevo,
mientras yo aprendo
que el amor no siempre es una casa,
a veces es solo un lugar donde uno se esconde
mientras pasa la tormenta.

Y me dirás —porque lo sé—
que lo nuestro no era lo que merecías.

Y quizá tengas razón.

Yo tenía lo que tenía.
Deudas emocionales,
culpas heredadas,
fantasmas con nombre y apellido.

Debía lo que debía:
tiempo,
silencios,
versiones mejores de mí que nunca llegaron a tiempo.

Y quería lo que quería:
que alguien me mirara sin miedo
cuando me rompía.

Ya verás cómo me olvidas
y yo me quedo siendo anécdota,
esa historia que cuentas
cuando alguien pregunta
por el error más bonito que cometiste.

Seré eso:
un error con buena intención.
Un poema que no supiste terminar.
Una cicatriz que aprendiste a maquillar.

Vueltas de la vida, dirás.

Y la vida, que es experta en ironías,
nos cruzará otra vez
en una calle cualquiera,
como si el tiempo fuera un mal editor
que dejó escenas repetidas.

Y se caerá el mundo al suelo.

No por amor.
No por esperanza.
Sino por esa memoria traicionera
que convierte cualquier mirada
en un terremoto.

Yo ya sabiendo que te irás.

Esa es la diferencia ahora.
Antes te miraba con la ingenuidad
de quien cree que todo lo que empieza
quiere quedarse.

Ahora te miraría con la serenidad rota
de quien sabe
que el amor también es tránsito,
que no todo lo que arde
quiere hogar.

Ya verás cómo después de amanecer
se te irán las ganas de querer volver.

Porque el amanecer tiene esa crueldad
de mostrar las cosas sin filtros,
sin música de fondo,
sin nostalgia que edulcore el desastre.

Y verás que yo no era el héroe
ni el villano.

Era solo un hombre
intentando no repetirse,
intentando no heredar sus ruinas,
intentando aprender que amar
no es salvar
ni salvarse.

Te dejaré enigmas tatuados en la piel,
no porque quisiera marcarte,
sino porque hay abrazos
que se quedan viviendo en la memoria
como una canción que no se puede dejar de tararear.

Yo también me quedo con los tuyos.

Con tu forma de decir mi nombre
como si lo estuvieras estrenando.
Con tu manía de arreglar el mundo
mientras el mío se desmoronaba.
Con tu claridad,
esa que a veces dolía
porque iluminaba mis zonas oscuras.

Ya verás cómo me olvidas.

Y yo aprenderé a no buscarte
en cada mujer que se parezca a tu risa.
Aprenderé a no escribirte
cuando el insomnio me recuerde
que fui feliz
y no supe cómo sostenerlo.

Aprenderé que no todo lo que duele
es destino.

Que a veces el amor no fracasa,
solo cumple su función:
mostrarnos quiénes somos
cuando alguien nos mira demasiado cerca.

Ya verás.

Tal vez un día
cuando escuches una canción parecida
a la que nos rompió,
pienses en mí un segundo.

No con tristeza.
No con culpa.

Solo con esa ternura leve
que se tiene por las cosas
que no pudieron ser
pero fueron intensas.

Y yo, desde algún lugar más sereno,
sin guerras,
sin noviembre,
sin la necesidad de que te quedes,

te agradeceré en silencio.

Porque me enseñaste
que amar no es poseer,
que contar las penas no siempre es un error,
que a veces hay que romperse
para saber qué partes eran nuestras
y cuáles solo estaban prestadas.

Ya verás.

No te deseo que me olvides.
Te deseo que seas feliz
sin necesitar hacerlo.

Y si alguna vez nos volvemos a cruzar
y el mundo no se cae,
y ya no arde,
y ya no duele,

entonces sabré
que esta vez sí aprendimos algo.

Mientras tanto,
seré cosas que se cuentan.
Vueltas de la vida.

Pero también seré
el hombre que sobrevivió a su propio incendio
y decidió
no dejar de creer
aunque ya supiera
cómo terminaba la historia.

Luis Cortina

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión