No estoy cansada de vos.
Estoy cansada del lugar que ocupo cuando estoy con vos.
De ser la que calma.
La que entiende.
La que traduce silencios.
La que adivina lo que hay detrás de cada pregunta.
Porque llega un momento en que ya no importa lo que hagas.
Importa el peso que siento cuando entro en ese papel.
Y ahí entendí algo incómodo:
A veces no nos alejamos de una persona.
Nos alejamos de la versión de nosotros mismos en la que nos convertimos a su lado.
Y ya no quiero entender.
No quiero entender por qué reaccionaste así.
No quiero entender qué te pasó de chico.
No quiero entender qué herida te hizo hablarme de esa manera.
No quiero seguir buscando explicaciones para cosas que me pesan.
Porque entender también cansa.
Y hay un momento en que una deja de necesitar respuestas.
Lo único que necesita es paz.
Ya no quiero entender.
Quiero descansar.
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