Ya no.
Abr 26, 2025
...
Nos sentimos seguros.
Cada día suenan los despertadores con una precisión quirúrgica. Funcionan los teléfonos. Hierven las redes sociales con las tonterías de turno. La televisión hace como que informa, pero solo entretiene.
Los bares ponen café y copa. Los taxis y demás vehículos llevan gente y mercancías de aquí para allá y a la inversa.
Los servicios públicos funcionan como funcionan. Los privados también. Hay comida y una infinidad de productos en los supermercados.
El fútbol es un antro de tramposos, pero al público le gusta la trampa cuando le favorece y le sirve para quejarse de algo cuando le perjudica. Así nos enfrentan y nos alejan de otras cuestiones.
Nos sentimos seguros. Confiamos en que habrá un médico, un bombero, un fontanero, un político, un ejército, cuando lo necesitemos; pero, en realidad, nuestras vidas penden de un frágil hilo.
Electricidad.
No sabemos nada de la tecnología que nos comunica, que nos consigue lo necesario.
Cuatro días sin electricidad, sin que funcionen los teléfonos, las televisiones, y el caos se apoderará del mundo.
El miedo mata.
Los saqueos, los asaltos a las propiedades privadas, la violencia por la comida, por..., dará igual; nos han hecho dependientes de la autoridad, de las leyes, del control superior, del supuesto orden lógico de las cosas, y, sin todo eso, somos salvajes que creen que todos los demás son salvajes.
El más fuerte no es nadie, pero todos queremos serlo.
Nos sentimos seguros, pero caminamos sobre un alambre muy fino y tembloroso.
No, no hay nada seguro. Ya no.
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